...que una erupción de tu sangre mitigue mi sangre bombeante.
Querida desconocida, los siete días que me doy de tregua son los que
tengo para encontrarte.
Me siento abrasado por dos mujeres. A
una la veo de manera intermitente y es sólo entonces cuando la siento
continua. A otra la veo continuamente. Y aunque es tan hermosa que ni ella misma
lo sospecha, fue mi alma la que la sintió primero casi sin darse cuenta.
Una mujer es la que me aprieta fuerte contra su vientre. Y es a otra
mujer a la que con fuerza intento no mirar más abajo de la línea de sus
ojos.
Una no es línea recta, sino un círculo insondable sobre el que yo
giro. Y con la otra sería mi fin llegar más abajo, al triángulo que
dibujan sus piernas.
Una me recuerda que el mundo es real y la otra me
hace pensar en el mundo que sería posible.
Y necesito que lo posible se haga real en ti. Necesito un motivo para
salir del círculo y no traspasar la línea.
Y eres tú, querida
desconocida. Como el mundo, necesito que tú también te hagas milagro
para mi en siete días.
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